Hola a todos
Una pregunta-comentario que suelo escuchar en junio, año tras año, es ésta: ¿ya has terminado las clases, ahora ya no tienes nada que hacer no? Yo suelo mirar al que me pregunta y le digo, bueno, sí, he terminado las clases, pero aún tengo unas cuantas cosas que hacer. No todo son clases.
Imagino que cuesta pensar qué hacemos los profesores de universidad además de dar clases. Aún recuerdo a mi padres, hace años, cuando me iba a la universidad (de becario entonces) y me decían: - Qué, ¿a estudiar?.. ja... pues algo parecido ahora.
El caso es que he hecho tantas cosas este mes, y me han pasado tantas cosas interesantes que no sé ni por dónde empezar ahora este post. Como por suerte ha empezado a llover gracias a una refrescante e intensa tormenta veraniega, me he animado a escribir, por dónde fuera.
Primero que nada, me acredité por fin, como profesor titular. El 8 de junio me enteré y empecé a saltar en el despacho, empecé a dar botes de alegría. Me dio por ahí. No suena muy académico, pero eh... los saltos eran de lo más académicos os lo puedo asegurar. Había mucho trabajo sintetizado en esos saltos, muchas expectativas, muchas historias, en definitiva. Pero tuve que dejarlo en seguida porque tenía exámenes orales que hacer para la asignatura de HHSS.
Exámenes orales, charletas, una tutoría, una entrevista, terapia, conversaciones, etc etc... de todo han sido. Se me ocurrió este año que podía evaluar parte de la asignatura haciendo un examen oral, algo relacionado con la habilidad de hablar en público que trabajamos este año. Primero pensé hacerlo optativo luego, gracias a la sugerencia que me dio la inferencia anafórica de unos posts previos (para quien no se acuerde la que acuñó ocurrentemente el término de atiborrarse) pensé que era mejor hacerlo obligatorio.
Recuerdo el segundo y tercer año que di la asignatura de HHSS. Consideraba que el trabajo que hacían entonces, escribir un programa (más que llevarlo a cabo) era suficiente como tarea, al menos para un notable (muy pendiente estaba entonces de evaluaciones sumativas tan "innovadoras" (je) últimamente). Si alguien quería más tenía que hacer un examen escrito. Me chocaba que dos años seguidos nadie viniera a hacer el examen. Bueno, el tercer año lo hicieron tres personas, el resto se conformó con un notable.
Conformarse, qué verbo más terrible, conformarse, bueno imagino que depende del contexto. Pero creo que hay mucho conformista por ahí, que ni siquiera se plantea que podría conseguir mucho más de sí mismos y de las situaciones si quisiera. Pero ¿qué significa conseguir más? ¿para qué? ¿de qué depende?
En fin, como conclusión, todo cambió afortunadamente mucho a partir de entonces. Y afortunadamente también, yo aprendo mucho con cada curso, no me conformo. Y éste la verdad es que he aprendido mucho, gracias a todos los alumnos con los que he mantenido charlas, exámenes orales, conversaciones o lo que fuera que imaginaran, dependiendo del contexto o marco en el que situaran de entrada y que en parte tratábamos de averiguar.
La verdad es que hay tanta variedad de experiencias, tal riqueza de conversaciones las que hemos mantenido, me lo he pasado muy bien, bueno, si es posible pasárselo bien en un "examen oral". Creo que había gente con la que hablaba tanto tiempo por primera vez.
La verdad (2) que mucho del mérito de lo ocurrido lo tienen Virginia, Almudena y Carmenchu. Quién me iba a decir a mi que las tres de cuarto iban a influir tanto (positivamente) en el proceso del resto de personas de quinto. Me di cuenta de muchas cosas en esos tres primeros exámenes orales, muchas muchas cosas. Así que modifiqué mi propósito, me relajé más, trabajé más con lo que surgía y no tanto con alguna idea preestablecida que tuviera. Fue una buena manera de allendear y extender, vaya que sí. En todo caso, muchas gracias a todos, habéis estado muy bien, cada uno a su manera, desde su sitio libremente elegido. Sólo con el tema de dónde se sentaba cada uno podría escribir un artículo, ja...
Bueno, aparte de exámenes orales, charletas, conversaciones, tutorías y entrevistas también he hecho más cosas. Entre ellas finalizar el Master de Docencia Universitaria, pasando dos días en Sigüenza, para verificar que desde luego me siento en general un privilegiado por tener la suerte de trabajar con gente tan interesante. E incluyo aquí no sólo a mis alumnos del Master, sino también a los alumnos de Psicopedagogía, de la asignatura de HH de Counselling y por supuesto a todos los del primer cuatrimestre. De esto fui más consciente hablando con Ricardo en un bar de Sigüenza, el jueves por la noche, mientras se me diluían los hielos de un gin tonic. La verdad es que me encantó presenciar la creatividad de las presentaciones de los profesores que participaban en el Master. Tampoco resultó sencillo plantear los comentarios críticos al final del viernes, por la cantidad de posibilidades que había. Digo crítico en un sentido amplio valorativo.
Y hablando de evaluación. Ésa semana y la anterior estuvimos trabajando con profesores de la Universidad el tema de la Evaluación Formativo con Juan Manuel Álvarez Méndez y el desarrollo de la competencia para evaluar competencias planteado por Tim Ingarfield. La verdad es que fueron dos sesiones muy diferentes pero altamente sugerentes. Y dentro de lo muy sugerente, también disfrutamos con el taller de Natalie sobre el uso de las nuevas tecnologías, conectándolas con metodologías pedagógicas y diferentes contenidos, estuvo muy bien.
A todo esto, esta semana me la he pasado recibiendo autoevaluaciones, leyendo y anotando comentarios a dichas autoevaluaciones, preparando una sesión que tuve hoy sobre usos formativos de la plataforma Blackboard junto a Alberto (del ICE), y desde luego pensando y planificando el curso de verano que empezamos el próximo lunes, que estoy seguro no dejará a nadie indiferente, empezando por mi mismo. A ver qué tal sale.
¿Me olvido de algo? Claro que sí. La semana pasada (o la anterior?) estuve en el acto de clausura del Master de Secundaria, muy interesante francamente, especialmente gracias al desacato ritual de Carmen, genial. Y mañana, ¿qué pasará mañana? La graduación con los alumnos de Psicopedagogía de este año, los de 5º.
La verdad es que estoy seguro que va a ser un momento muy especial. Es un momento de celebración, reconocimiento y disfrute. También de nervios, al menos para mi, cuando tenga que decir algunas palabras. Gracias por darme la oportunidad de ello. Me gusta la responsabilidad.
El curso va finalizando, durante este mes de junio donde apenas suceden cosas porque ya no hay clases.
Bueno, un saludo a todos, dentro de poco, poco escribiré más, lo prometo.
Un saludo
Alejandro