Karate "abductivo"
Las últimas 3 semanas he vivido más experiencias de las que, imagino, he podido asimilar. El IV Encuentro de Innovación Docente, terminar de leer todas las autoevaluaciones (más de 100) de los alumnos del Master de Secundaria, la defensa (nunca mejor dicho) del trabajo de investigación que hizo Laure, la jornada electoral del pasado miércoles, por supuesto las cuatro sesiones de trabajo con los internos del Centro de Inserción Social en la facultad, y por último la clase especial del pasado viernes. Mucho para tan poco tiempo, sin incluir las sesiones de las asignaturas de Dificultades de Aprendizaje, Habilidades Sociales y Habilidades de Counselling.
Lo dicho, más de lo que puedo asimilar, probablemente, al menos conscientemente.
Pero hoy quiero hablar de la sesión del viernes. Aunque no sé muy bien por dónde empezar. Puede que lo mejor sea empezar por mis miedos. Lo primero que surge cuando me planteo una actividad como ésta es: "¿vendrá alguien?" Y si tras montarlo todo, ¿no viene nadie? ¿tiene sentido venir un viernes por la tarde, lloviendo, cuando podría estar en casa tranquilamente?
Más miedos. ¿Se entenderá lo que quiero hacer con esto? ¿se quedará sólo en una anécdota exótica?
Podría seguir, pero estos son los principales. Podría añadir el miedo respecto a Paco, ja... sobre "a ver por dónde me sales" ja.. pero eso no es realmente un miedo. Más bien el estar abierto a cualquier cosa, desde la confianza que guardo con él y con todos los que venían.
Hay mucho que se podría decir sobre la sesión, no he dejado de pensar en todo el fin de semana. Y creo que por ejemplo Carmenchu y Teresa han escrito cosas muy interesantes ya.
Lo primero que quiero expresar es agradecer a todos los que vinieron, que además se implicaron en hacer una actividad que era novedosa para la mayoría. Gracias a todos.
Hay un par de ideas que quería rescatar. Una tiene que ver con una pregunta. ¿Cuál era el contenido de la sesión? ¿cambiaba para cada uno de los participantes? ¿era compartido por todos? Imagino que podríamos describir secuencialmente lo que fuimos haciendo, y de lo que fuimos hablando, ¿era eso el contenido?
Cuando me hacía esta pregunta, pensaba en la definición que hace Bateson (1979 / 1993: pp.157-158) de abducción, como desarrollé en un texto que he utilizado en varios cursos en los que tengo que trabajar acerca de procesos de aprendizaje: “describir alguna cosa o suceso y luego buscar en el mundo otros casos que se ajusten a las mismas reglas que inventamos para nuestra descripción”. Para Bateson pensar abductivamente implica un tipo de pensamiento lateral, no sólo relacionado con el planteamiento de hipótesis y posibilidades, sino de realizar un proceso conexión de un suceso X con otro suceso Y con el que guarda algún tipo de relación. Por ello para él la abducción es la base de la metáfora, la alegoría, el sueño, la parábola, toda la ciencia, toda la religión y toda la poesía.
Para mi la clase de Karate con Paco fue un buen ejemplo de práctica abductiva, una especie de metáfora actuacional, como diría Tim.
Trabajamos ciertas habilidades motoras, aparentemente sencillas, y fuimos coordinándolas incrementando progresivamente su complejidad: trabajándo ciertas técnicas solos en grupo (estáticamente), trabajándolas desplazándonos en grupo, trabajándolas de manera más práctica con un compañero y mostrando lo practicado al grupo. Esta secuencia la repetimos tres veces. Primero con una técnica tradicional de blocaje alto ante un golpe de puño. Segundo con una técnica práctica de combate, de nuevo bloqueando un golpe de puño al mentón, bloqueando esta vez con la palma de la mano, desviando suavemente el golpe y contraatacando. Tercero ante un agarre, inmovilizar con el brazo derecho (usando como inicio la misma técnica tradicional practicada al comienzo) y golpear con un golpe de rodilla. Tres tipos de técnica, tres situaciones diferentes, tres contextos de aplicación diferentes. Había que atender, concentrarse en uno mismo y en el otro, recordar los movimientos, interpretar la situación, aislarse del entorno (incluyendo a los otros que observaban), tratar de mecanizar los movimientos con fluidez, etc.... aunque todo esto estaba un poco más de fondo. Y desde luego trabajar los estereotipos iniciales (yo no he hecho esto antes, yo no puedo, yo estoy cansada, me da vergüenza, etc...).
De esto hubo mucho, y pese a la aparente sencillez de las técnicas, podríamos desarrollar mucho la complejidad de cada técnica y los principios que subyacían, por ejemplo, el principio de equilibrio que había en toda técnica tradicional, donde al golpear con un brazo el otro recoge con la misma intensidad, pero en la dirección contraria. Podríamos hablar de matices acerca de cómo usar la cadera y no sólo el brazo, de cómo repartir el peso o bajar el centro de gravedad, de cómo respirar mientras se golpea, etc... etc..
Pero hubo muchas más cosas aparte de todo esto que está a un nivel de técnica, de protocolo, de procedimiento, de nivel de qué se hizo. Un aspecto fundamental estaba en cómo se hizo.
Se hizo con sencillez, sin ninguna pretensión de "marcarse un pegote", de querer impresionar o deslumbrar de manera superficial. Las técnicas eran sencillas y accesibles para todos. No había una pretensión de enseñar a defenderse, a ser violento a golpear. Más bien de ser uno con la técnica. De hacer algo auténtico. Como decía Paco "uno se manifiesta en lo que hace", "uno se muestra en todo lo que hace". No es algo que se pueda fingir. Paco desde luego no se ocultaba. "Yo soy así, y trabajo así, aquí y en mi gimnasio". Y vivimos una sesión así. Tomar conciencia de cómo somos también en lo que hacemos, sin fingir, sin adornar, qué aparentemente sencillo: dejarse ser en lo que se hace.
También se hizo prestando mucha atención a la calidad de la RELACIÓN entre todos los presentes, especialmente la relación de Paco con cada uno de nosotros y el grupo como un todo. Y una manera de trabajar esto era gestionando el espacio: acercándose a la gente, alejándose, mirándo a los ojos directamente, tocándo del brazo, animando, desafiando, celebrando, respetando. Desde ahí hubo movimiento en el espacio de todos, empezando y terminando en el mismo sitio, pero moviéndonos dinámicamente. Y desde luego la naturalidad en la manera de hablar, en la manera de discutir, en la manera de evaluar, en el sentido del humor. ¿Acaso alguien no recuerda la diferencia entre una clase de aerobic (en la que se hace un movimiento similar a un golpe de puño) y una clase de karate (cuyo propósito es educativo y no meramente el de practicar un ejercicio aeróbico)? Los que estuvisteis ya sabéis a qué me refiero ;). Cuántas veces olvidamos la importancia que tiene gestionar la relación con las personas con las que trabajamos. Con gestionar me refiero a cuidar, a tenerlo en cuenta, a respetarlo, atenderlo.
"Y ahora viene cuando la matan". No sé con qué os quedaríais los que vinisteis. Puede que estuviera relacionado con vuestros intereses, las expectativas, las razones y propósitos de partida. Puede que vierais algunos procesos similares a algunos temas trabajados en clase de HHSS, evidentemente con diferentes contenidos, puede que no. Puede que os dejarais experimentar sin más. Yo me lo pasé muy bien. Por unas horas recuperamos el cuerpo, nos movimos en el espacio, dejamos de hablar solamente. Interactuamos de otra manera. De nuevo, no es la primera vez, me impresionó lo complejo que resulta coordinar y automatizar una serie de movimientos aparentemente tan sencillos. Lo mismo nos pasaría si tratáramos de aprender a bailar, tocar un instrumento, o aprender cualquier conducta motora compleja. De nuevo me impresionó constatar que no sólo es cuestión de la experiencia en sí, sino de las distinciones que se poseen para hacer uso de dicha experiencia. Y esas distinciones sólo se consiguen mediante la práctica continuada y atenta. Lo diferente que es iniciar algo frente a mantenerlo, algo de lo que también habló Tim durante el encuentro, muy al hilo de lo trabajado.
Como planteó Paloma y Patricia después, ¿cómo decidir qué técnica realizar en una situación X? Era una pregunta, para mi, válida en cualquier contexto profesional. La pregunta presupone que hay una técnica correcta en esa situación. Como si trabajando con un cliente o un alumno, hubiera una pregunta correcta ante una situación determinada. ¿Cómo interpretamos una situación X para saber qué hacer a continuación? ¿cómo conseguir esa habilidad que va más allá de lo que ocurre en ese momento, porque implica saber "interpretarlo", aunque esté ligado a él? ¿cómo transferir lo que se aprende en una situación de práctica o entrenamiento a una situación real? ¿cómo se puedo incrementar la probabilidad de que dicha transferencia tenga lugar? Grandes preguntas cuya respuesta es compleja. La respuesta de Paco, el instinto, implicaba que la respuesta no es consciente, que no responde a una respuesta deliberada de entrada, muchas veces porque no hay tiempo. Ahí es donde la mente inconsciente participa, gracias a que se ha estado practicado conscientemente mucho antes.
Muchos programas de habilidades sociales, muchas metodologías de enseñanza de artes marciales, se basan en la repetición y automatización de protocolos (bien secuencias de técnicas, secuencias de preguntas y respuestas, secuencias de conductas según qué respuesta, etc...). Una limitación de esto es que no se practica el interpretar una situación abierta y probar diferentes respuestas e ir adaptándose a lo que viene. Técnicamente tiene que ver con calibrar, con obtener información que confirmará lo que pensamos que pasaba (feeback positivo) o lo contradice (feedback negativo). El resultado podría ser recibir un golpe en el mentón, quedarte en blanco, decir algo inapropiado. Y ante todo esto, ¿cómo corregir y realizar otro movimiento? ¿se podía anticipar de alguna manera? ¿qué señales se pueden tener en cuenta? ¿cómo priorizar?
Son algunas preguntas con las que continuaremos, imagino.
A nivel personal me quedé con ganas de salir a mostrar algún ejercicio, sobre todo porque Paco no me sacó en ningún momento. Yo me preguntaba, ¿pero por qué no me saca? Ja... me di cuenta que tenía ganas de demostrar, de exhibir lo que sabía. Y no se trataba de eso. Así que me conformé con quedarme observando como participante activo, abierto a lo que sucediera. Qué tentación para el formador, el narcisismo de la exhibición. Y qué difícil alejarse de ello. Para eso es importante contextualizar y conectar con la dirección en la que vamos, con cuáles son nuestros propósitos. Si estamos centrados en nosotros (y nuestras necesidades) o en las necesidades de los otros. Fue un buen ejemplo para mi, al menos.
Bueno, imagino que estaría bien hacer más cosas como ésta. De nuevo gracias a todos por acudir y hacerlo posible, por darle sentido con vuestra presencia activa.
Hay muchos más temas, pero los podemos ir construyendo entre todos.
Y como decimos en Karate en señal de reconocimiento, humildad y respeto: ¡ Ous !