Metáforas (abductivas)
Hay una idea que le he escuchado decir muchas veces a John McWhirter con la que estoy muy de acuerdo, sobre todo porque la he experimentado muchas veces: "la mente inconsciente continúa (automatizando) lo que la mente consciente practica más". Algo así es lo que John ha planteado en numerosos cursos. Las aplicaciones de esto en contextos de cambio, desarrollo y aprendizaje son innumerables.
Pensaba sobre esto viniendo de casa al despacho mientras conducía y literalmente me sentía asaltado por muchas ideas. Mi mente consciente estaba más o menos ocupada en conducir el coche, en seguir el tráfico, en salir de una cola de coches para meterme en otra. Muchas de estas actividades eran igualmente inconscientes, en otras palabras, automatizadas. Por ejemplo, cuando calculaba la distancia y velocidad del coche de detrás para decidir si cambiaba de carril o no, no lo hacía muy conscientemente, simplemente lo hacía en milésimas de segundo. El caso es que mientras hacía eso, conducir, también hacía otras cosas simultáneamente, una de ellas dirigirme al trabajo, que es una actividad general. También iba repasando la semana. Y lo que más he practicado esta frenética semana ha sido planificar clases y darlas. También he estado preparando alguna que otra reunión (pero eso es otra cuestión, y no tan divertida, aunque tenga también su interés).
Mi mente consciente ha estado preparando clases de Psicología de la Infancia y la Adolescencia, de Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad, y de un módulo sobre Aprendizaje en un Master de Ciencias Sociosanitarias. Tres actividades diferentes pero conectadas en sus temas, o en sus metodologías. Cuando preparo una clase pienso en esa clase, pero también pienso en las clases anteriores, conectadas con esa nueva que aún no se ha producido. Igualmente pienso en las posibles direcciones de futuro que se podrían tomar, más allá de esa clase que aún no se ha producido. Literalmente es gestionar posibilidades.
Cuando preparaba el módulo de educación del Master de Ciencias Sociosanitarias, algunos de mis compañeros en el equipo que se encarga de dicho módulo, decían que cómo hacía para improvisar en las clases, porque a ellos les costaba, o no se sentían muy seguros con ello. Yo no estoy muy de acuerdo con esto de que "improvise" en las clases, en el sentido de que llegue allí y haga o hagamos lo primero que surja, sin mucha estructura. Al contrario, y agradezco una conversación con Tim Ingarfield en la que fui más consciente de esto, para mi es más similar a la improvisación jazzística. Un músico de jazz improvisa interpretando lo que hacen los demás, y partiendo de una estructura creada entre todos, en la que se va integrando lo que se ha tocado, lo que se toca en ese momento y lo que se podría tocar (pero que aún no se ha tocado). Eso implica en términos de proceso, patronear, gestionar patrones o agregados complejos de procesos y contenidos, conexiones entre procesos que se van estructurando a lo largo del tiempo. Gestionar posibilidades. Curiosamente partiendo de una estructura clara, que a modo de base permite salirse, ir más allá como una espiral (como un solo de un saxo, o una guitarra, que después de tocar su parte regresa a la estructura grupal, que se ha transformado un poco).
El caso es que lo que mi mente consciente ha estado practicando más esta semana ha sido pensar acerca de las diferentes asignaturas en las que he estado implicado (y estoy). Eso hace que mi mente inconsciente no parara de generar interesantes (y alocadas a veces) ideas.
En este sentido, como decía en el comentario del viernes pasado, creo que en cualquier profesión, es fundamental disponer de un espacio de reflexión o supervisión sobre lo que se hace. Tomar algo de distancia y reflexionar sobre la propia práctica. Si no, es fácil dejarse llevar por la vorágine de la acción, que es lo que muchas veces, por no disponer de esos espacios, es lo que nos pasa (y hablo de muchas profesiones en general).
Al llegar a la facultad y aparcar me han pasado un par de cosas curiosas.
El coche que había delante de mí, un mini, ha visto un hueco (en el que cabía pero tenía que maniobrar para evitar un incómodo bordillo) y ha empezado a aparcar. Yo he pensado, joder, aún es pronto, se supone que más adelante tiene que haber al menos tres o cuatro sitios. Esa era mi predicción o mi hipótesis a partir de mi experiencia aparcando enfrente de mi facultad en la franja horaria de 9 a 10 horas. Y no estaba equivocado. He avanzado y he aparcado enseguida, había lo menos cuatro opciones fáciles y sencillas para aparcar. Además, a poco que entrabas por la hilera, enseguida se veían los huecos. No al principio, sino avanzado unos 6 metros.
En ese momento estaban poniendo por la radio la canción de Michael Jackson Thriller. Imagino que todo el mundo conoce esa canción. He apagado el motor y me he recostado escuchando la canción. Es una canción que he oído tantas veces que me ha sonado nueva, al escucharla detenidamente. Me he puesto a pensar en Quincy Jones, a quien leí hace poco una entrevista. He pensado en él porque fue el productor de ese y otros discos de Michael Jackson. Me estaba fijando en lo bueno que era el bajo, la línea del bajo. Era un patrón repetitivo, una línea de sonidos (si se puede decir así) que se iba repitiendo. Apenas escuchaba la voz de Michael, o las guitarras, o los coros. Estaba alucinando con el bajo, con el ritmo que aportaba y cómo cambiaba en mi parte preferida de la canción, en la parte más o menos de clímax, luego retornaba otra vez a la base similar, repetitiva. Qué maravilla de línea de bajo. Pensaba en lo bueno de la producción. Cómo una canción grabada hace tanto tiempo seguía aún vigente, un sonido fresco, intenso.
Lo curioso del bajo es que generalmente no se nota. Escuchas una canción de cualquier grupo y generalmente, como con el ritmo de la percusión, no te fijas de manera directa en el bajo. Es más fácil seguir la guitarra solista o la voz. El caso es que la canción o pieza musical, es un todo. Todos los elementos están integrados más o menos, todos forman una estructura completa. Y parte de esa estructura fundamental lo generan el bajo y la percusión claro. No te fijas en ello, pero son fundamentales. Aportan el hilo de la canción, y los demás pueden crear a partir de ahí. Gracias a que hay una estructura rítmica, se pueden generar otro tipo de procesos.
Bueno, ahí estaba yo disfrutando Thriller y la producción del bajo de Quincy Jones. El caso es que he pensado: "Bueno, ya está bien, a trabajar". Y he abierto la puerta y he abierto el maletero, y he cogido mi mochica y un par de libros. Y he cerrado el maletero, y he girado y he empezado a caminar hacia la facultad que tenía enfrente, caminando entre la hilera de coches aparcados, donde aún habían 4 huecos disponibles. Y he mirado enfrente, ¿y qué he visto?
Ahí seguía el mini, corrigiendo su aparcamiento. Ahí estaba el coche haciendo sufrir al neumático trasero izquierdo, que no terminaba de entrar en el hueco y se quedaba en el bordillo, en el límite. Claro, es fácil desde fuera evaluar un proceso de aparcamiento. Uno posee más perspectiva desde fuera que desde dentro, bueno, diferente perspectiva. Le sobraba mucho por derecha y muy poco por la izquierda. El caso es que yo me he preguntado: ¿joder, pero para qué está tanto tiempo tratando de aparcar si hay tanto sitio a cinco metros, donde no hubiera tardado tanto?
La verdad es que cuando uno se compromete con algo, a mayor compromiso más cuesta salirse. Algo que cualquiera que haya leído a Robert Cialdini ya sabe bien. Para mi era muy gracioso. Para el conductor o conductora (que da igual precisar el sexo del conductor) no era tan gracioso. Yo me preguntaba, ¿pero por qué no realiza un proceso de acomodación en vez de insistir asimilando? Ya sabéis, la persona seguía ahí insistiendo en su comprensión de la situación. Al fin y al cabo se había comprometido con la idea de aparcar en el primer hueco que había visto. Cuando vas con prisa para aparcar y ves un hueco, es como, por fin, genial. Y no sé si tenía prisa o no. Pero ahí estaba comprometido con esa comprensión de la situación y tratando de llevarla a cabo, costara lo que costara, aunque pinchara su neumático derecho trasero. Ir más allá de esa comprensión hubiera implicado acomodar su comprensión, abrirse a más posibilidades. Plantearse que bueno, que probablemente hubiera más sitio un poco más adelante, más sitio, más fácil, más cómodo. Pero claro, probablemente. Como es una probabilidad, no es seguro. Como no es seguro, hay un riesgo. Y si no lo hay. Además, ya estaba comprometido/a con esa decisión u opción. Encima que lleva ya diez minutos aparcando, ¿cómo va a dejarlo? Si lo deja, ¿qué pasa con esos 10 minutos de su vida que ha dejado ahí aparcando? ¿qué significarían? ¿una pérdida de tiempo? Así que, añadiendo el riesgo, ahí seguía la persona aparcando, haciendo sufrir al neumático derecho trasero. Al menos ahí seguía cuando he entrado por la puerta de la facultad, y me he girado. Espero que no siga aún.
Acomodar no es sencillo, ni cómodo.
Es curioso como la mente utiliza el pensamiento metafórico a la hora de dar sentido a las experiencias que vivimos. En términos vygotskianos, podríamos considerar la metáfora como una herramienta mental de lo más interesante. Gracias a la metáfora podemos comprender un fenómeno complejo a partir de otro fenómeno. Ese es el gran punto fuerte de la metáfora como instrumento mental, y esa es su gran debilidad. Pensar que comprendemos el fenómeno completamente con una metáfora, cuando sólo lo conoceremos parcialmente.
En ese sentido pensaba que la metáfora es un buen ejemplo de pensamiento abductivo, ese que genera posibilidades, opciones, que permite plantear hipótesis y predicciones de comprensión y de acción. Al fin y al cabo un intento de comprensión es también una acción, ¿no? Y una comprensión, ¿podría ser un ejemplo de patrón? Eso es una pregunta que me hago ahora mismo. Una metáfora es también un tipo de signo muy elaborado, una estructura mediadora que nos permite representar un fenómeno X, y ayudarnos a construir significado.
El patrón, gran concepto, es algo diferente a los procesos de los que forma parte. Yo lo entiendo como una manera de conectar procesos o contenidos o diferentes elementos. A partir de regularidades, continuidades o discontinuidades, estructura. De ahí puede que tenga un aspecto ¿estético?
A todo esto, me pregunto cómo entenderían este comentario (fruto de la actividad de mi mente inconsciente) mis alumnos de las diferentes asignaturas que he estado impartiendo esta semana.
Un saludo