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El viaje de Telémaco

Metodología Cualitativa en el Master de Psicogerontología

Metodología Cualitativa en el Master de Psicogerontología

Hay dos temas sobre los que nunca hablo, expongo o trabajo en Alcalá o Madrid. Uno es el de los rituales (o los ritos de paso en particular). Otro es el de la metodología cualitativa. 

Hace dos semanas, salí a las 21,00 horas de la facultad  cargado de artículos y libros para prepararme un módulo que tenía que dar sobre Metodología Cualitativa en un Master de Psicogerontología que se imparte en Valencia. Al preguntarme un grupo de alumnas que había fuera, de qué iba el curso que tenía que dar y responderles que iba de metodología cualitativa, la respuesta vino inmediata: "¡Menudo rollo!". Sonreí, al pensar lo equivocadas que estaban, o sonreí al pensar que menuda imagen tenían de la metodología cualtitativa. Puede que el problema estuviera en la palabra metodología. Uno escucha "metodología" y puede que dé igual lo que venga después....

Así que allí me fui el pasado martes tras mi asignatura de Counselling en el contexto educativo, en Guadalajara. Cogí el coche y me planté en Valencia, dispuesto a pasar tres tardes trabajando acerca de la metodología cualitativa, con el firme empeño de no sólo hablar de ello, sino de llevarlo a la práctica, con el firme empeño de que desde luego no fuera un rollo para nadie. 

Volver a Valencia, y más entre semana, cuando la cotidianeidad se siente con más intensidad, siempre me resulta especial. Sobre todo porque el miércoles por la mañana fue muchas cosas, pero desde luego, no fue cotidiano. Me levanté temprano para preparar las transparencias básicas que quería utilizar. LLevaba meses robando momentos sueltos para pensar en este módulo, y pensando posibilidades, ideas sueltas. Todo por fin confluyó desde las 7,30 hasta las 11,00. Momento en el que me duché y me vestí rápidamente para acompañar a mi padres a un momento especial y mundano. Íbamos a los juzgados. Mis tías también se venían en el coche. Una vez allí nos encontramos con mi cuñada, mi hermano y al poco tiempo mi hermana y mi cuñado. Ya estamos todos. Nos hacemos fotos, reímos, bromeamos. El contraste entre la gente que nos rodea y nosotros es patente, en emotividad y en edad, imagino. El número 18, somos nosotros. Como en un cola donde hay que guardar número, o claro está, una oficina de la administración donde al fin y al cabo nos encontramos. Pasamos y nos sentamos. Mi tío Paco y mi tía Elvira se sientan en los extremos, mis padres en medio. El resto detrás, como testigos. Mi tía me pregunta si llevan anillos. Yo le respondo que no creo, que al fin y al cabo, eso representa un símbolo generalmente vinculado a un contexto religioso. No es el caso. Aquí con una firma será suficiente, para sellar un compromiso verbal. La juez lee rápida, segura, aburrida, trata de ser solemne, pero no lo logra. A nosotros nos da igual. Miro a mis padres, mi padre responde primero: "Sí quiero". Me gusta escucharlo, suena seguro. ¿Sonaría así la primera vez? Hace 40 años ya... o por ahí... A esa boda no pude asistir. Turno de la novia: "Sí quiero". El acto perlocutivo ha finalizado. Su identidad social ha vuelto a cambiar, me pregunto qué otros cambios habrán. Todos sonreímos. Aunque aparentemos normalidad, aunque aparentemos cotidianeidad, no la hay. Ha teminado. Salimos y bromeamos porque no llevamos arroz, no llevamos pétalos de flores, sólo pensamos en ir a casa todos y estar juntos, celebrar el acto, sea lo que sea que signifique. 

Ya en casa empezamos a comer y a beber. Yo no quiero beber demasiado, al fin y al cabo tengo mi curso de metodología cualitativa en menos de dos horas. Eso sí, no puedo evitar probar el vino, que me encanta. En mi familia nos encanta el buen vino. Hablamos, bromeamos, hacemos fotos. Suenan las 15,10 y yo les digo que tengo que salir. Brindamos y me despido de todos. Por la tarde vendrán todos los niños, pero yo no estaré. Les veré más adelante. Salgo. 

Cojo el metro con la mochila cargada de todos los artículos y los libros que he traído, más el ordenador. Llego tarde. Salgo en la parada de Blasco Ibáñez y recorro los 50 metros que llevan a la Facultad de Psicología. No puedo evitar notar las similitudes y cambios de ese tramo. No puedo evitar todas la veces que lo recorrí como estudiante, como becario, y ahora como visitante. Saludo a Juanjo Zacarés y le abrazo con ganas. Hacía tiempo que no lo veía. Me lleva al aulario donde daré la clase. No hay tiempo para café, no hay tiempo para mucho. Mañana quedamos para comer y nos ponemos al día. 

Me encuentro con Víctor y Nuria, que quieren venir al curso, al menos esta sesión. No hay problema. Entramos en el aulario y ahí estamos. Preparo el ordenador mientras Juanjo comenta algunos temas administrativos del master, mientras observo a la clase. 10 personas más o menos, aparte de Víctor y Nuria, que sí conozco bien. Juanjo me presenta y yo saludo y nos despedimos. Me giro y ahí están todos mirándome. Necesito un café. Los primeros segundos de una clase son mis preferidos. Ahí estamos midiéndonos, observándonos, reconociéndonos, contactando. Pienso rápido todo lo que podríamos trabajar, pienso rápido tratando de imaginar qué esperarán, qué necesitarán, qué sería interesantes para ellos. Saludo y les pido que se pongan en dos grupos para que compartan qué saben sobre Metodología Cualitativa, qué esperan, qué sería útil para ellos. Así empezamos, mientras sigo observando y empiezo a relacionarme con ellos, desde mi sitio. 

Gracias a esto empiezo a tener información concreta más allá de mi imaginación o intuición, de mi feedforward. 

De lo mejor del curso tres anécdotas. Las dos primeras me las cuentan en el primer intercambio de impresiones del módulo, tras mi primera propuesta de grupo. No saben nada acerca de metodología cualitativa. ¿Por qué? Siempre estaba al final del temario, nunca daba tiempo para darlo. Miro a Víctor y sonrío, sonreímos los dos. La segunda anécdota es aún mejor. Una profesora del Master (no diré el nombre ;) les comentó que si no entendían el SPSS, siempre podían hacer metodología cualitativa. Víctor y yo volvemos a mirarnos y sonreímos sarcásticamente. Les menciono que esas anécdotas son buenísimas. Small stories como diría Cassey Phoenix a quien leeremos y citaré más adelante. En ese momento me presento y empiezo a contar mis propias historias. Entre ellas, cuento una historia acerca de la investigación actual en Psicología, y el porqué considero que es importante recuperar al sujeto, recuperar el estudio de la experiencia subjetiva y la complejidad, y el dinamismo fluido de la experiencia, y las experiencias emergentes y bla bla bla... 

Tras esta larga introducción sólo falta encontrar el tema sobre el que trabajaremos y les pido que me envíen por escrito qué piensan sobre el proceso de envejecer, no el producto del envejecimiento, sino el proceso de " hacerse mayor", de ser "personas mayores", término que domina el discurso dominante en el master. Con eso trabajaremos los días que quedan, de manera práctica, aplicando diferentes tipos de análisis y de exposición. 

Y así fue. Con 6 narrativas pudimos trabajar y aplicar algunas ideas esenciales de la metodología cualitativa que se concretaron un poco más allá de un enunciado abstracto. 

 

No quiero reproducir aquí el curso, no hace falta ni tiene sentido ni puedo hacerlo. 

Pero hay una parte que no tuve tiempo de desarrollar. ¿Cómo había influido en mí la metodología cualitativa como docente? Al final no hablé de esto tanto como me hubiera gustado, aunque ya escribí sobre ello en un capítulo publicado en el libro "Capturing Identity". Por eso rescato dos citas que resultaron muy ilustrativas para mi en su día, y que cuestionan los relatos "científicos" que se "dictan" en el contexto de la psicología científica actual.

Primero cito a Andrew Sparkes(2003), la persona de la que más he aprendido sobre metodología cualitativa, junto a Brett Smith y Víctor Pérez: "escribir de manera autoetnográfica me ha suscitado muchos asuntos. Primero, me ha ayudado a reconocer cómo, en mi escritura académica "normal" mantengo límites firmemente seguros dentro de mi y fuera de mi, manteniendo varias identidades separadas, apuntados y protegidos de las confusiones arremolinadas que siento tan a menudo en mi vida cotidiana. En esta manera de escribir tiendo a priorizar el rigor sobre la imaginación, el intelecto por encima del sentimiento, las teorías por encima de las historias y las ideas abstractas por encima de los eventos concretos" (p.61). Esto no sólo ocurre en el estilo de escribir la psicología y tantas otras ciencias sociales. También ocurre, por desgracia, en la manera de enseñar la psicología y tantas otras ciencias sociales. Como tan bien sintetiza Bochner (1997) "la triste verdad es que el self académico frecuentamente está desligado de la experiencia ordinaria del self. Una vida teórica puede sacar a uno de la experiencia, haciéndole sentir a uno mismo desconectado" (p.421). 

 

No sé si conseguí que sintieran conectarse vívidamente con una experiencia tan compleja como es envejecer o hacerse mayor. Al menos lo intentamos. Pero es un tema que siempre me ha preocupado como profesor. Las metodologías positivistas disocian al profesor de aquello que trata de enseñar y al estudiante de aquello que trata de aprender. Al final terminan disociando también al profesor y al alumno, convertidos en dos extraños absurdamente enfrentados. 

 

Gracias a todos los que participasteis en este módulo, y desde luego a Emilia por invitarme a ser parte del master. Me encantó volver a trabajar los matices de una perspectiva de investigación cualitativa. Y además poder integrarlo dentro de una semana tan especial para mi. Y cada regreso a Valencia, lo es. 

Ah... la tercera anécdota. Hacia el final del curso, tras cuestionar las evaluaciones cuantitativas, tras explorar qué aporta adentrarse en la experiencia subjetiva, tuve que pasar un cuestionario de evaluación con 15 items con una escala likert de 1 a 5, lo que tuvo su (paradójica) gracia. Por cierto no sé qué número salió de ahí, sólo sé que no puede resumir, sintetizar, reemplazar lo que vivimos y compartimos durante esos tres días. 

Un saludo

 

Alejandro

 

Referencias

 

Bochner, A. (1997). It’s about time. Qualitative Inquiry, 3(4), 418-438

Iborra, A (2007). A content analysis of narratives from a categorical and holistic point of view to study changes after a rite of passage. En M. Watzlawick and A. Born (Eds.). Capturing Identity: Quantitative and qualitative methods. University Press of America, pp. 39-52

Sparkes, A. C. (2003) Bodies, identities, selves: Autoethnographic fragments and reflections. In J. Denison & P. Markula (Eds) Moving writing : Crafting Movement and Sport Research (pp. 51-76). New York: Peter Lang.

5 comentarios

Leonor -

Por curiosear el video, he llegado hasta aquí, qué interesante el modo de abordar este taller. Sin duda, no resulta sencillo en tan poco tiempo captar la complejidad y riqueza de lo cuali porque creo que siempre nos acercamos ya "disociados". Es tan interesante en este caso entender lo de la experiencia, la subjetividad, la narrativa desde el propio relato..... de lo situacional, de ponerse en el lugar de otro... Como bien dice Van Manen no es fácil comprender la experiencia de otro, sin haberla vivido, experimentado...
Seguro que fue muy rico y mucho más que desde la "teoría de"... sin duda las anécdotas dicen mucho.. y el problema es que muchas veces forman parte de un gran imaginario colectivo....

Gloria -

Desde la posición de una de esas escépticas alumnas con las que, cargado de material sobre metodología cualitativa, te topaste una tarde-noche al terminar las clases... me decido a escribir. Reconozco que nada más leer el título de tu post, tenía el íntimo convencimiento de que harías referencia a ese momento. Aunque entre risas, me di cuenta de que nuestra reacción ante el contenido de lo que llevabas bajo el brazo, te dejó algo sorprendido aunque, como bien pudiste “recolocar” más tarde, quizá no es tan de extrañar una reacción así cuando el conocimiento sobre el tema que tenemos es tan escaso y, probablemente, tan alejado de la realidad.

No sé si lo recuerdas, pero siguiendo el cariz jocoso que la conversación tomaba, dije algo así como que “¡¡al menos la metodología es cualitativa (no cuantitativa, anda que lo de la escala Likert...)!!” : ) En realidad... tu entusiasmo por lo que escribes me hace sentir más interés por algo que no sólo por curiosidad sino también por lo que creo serán futuros requisitos “académico-profesionales”, tendré que abordar. Al final me verás yendo hacia ti con las orejas gachas para pedirte material sobre “ese rollo” de metodología cualitativa, jajaja.

Seguro que fue refrescante para tus alumnas del máster que les propusieras que pusieran sus esfuerzos, ganas o tiempo en algo que realmente fuera significativo para ellas y no en una tarea precocinada y a ojos de algunos absurda. ¡Qué gusto!

Ah! muchas gracias por compartir un ritual de seguro tan especial para ti y los tuyos, un ritual rodeado de una aparente cotidianeidad que pudo dejar de serlo...

Abrazos.

Paloma -

Hola!

¡Vaya!
Leer tu post me ha dado ideas para enfocar el Informe de mi Practicum.

¡Que lástima no haber hablado contigo de este tema antes!

Bueno, eres un claro ejemplo de cómo modelar y sacar partido de las situaciones que de partida pueden ser adversas.

Un abrazo
Paloma

Alejandro -

Hola Carmenchu

Ya trabajaremos esta metodología como parte de tu iniciación a la investigación, que no deja de ser otro contexto típico de rito de paso, la iniciación. Una oposición, una tesis doctoral son ejemplos de iniciaciones. Una boda es un ejemplo de celebración asociada a un acontecimiento del ciclo vital. En el caso que menciono es un suceso vital no normativo, con mucha historia de fondo, como imaginarás.

Es cierto que las alumnas fueron muy sinceras, cosas que les agradezco mucho. Y estuvo genial las narrativas que escribieron y cómo las elaboraron. En poco espacio, les pedí que escribieran sólo un folio, cuánta información había. Estuvimos explorando diferentes tipos de análisis de contenido: categórico con el Atlas-Ti, holístico(que al final fue más teórico y abstracto de lo que pensaba) y holístico con más connotaciones fenomenológicas (un tercer grupo que sólo podía trabajar con imágenes, y con canciones, algo que añadieron ellas y que quedó muy bien). En tan poco tiempo cuanta imaginación. Y en la discusión final, disfruté muchísimo, sobre todo cuando las personas que habían escrito las narrativas dieron su opinión sobre lo que habíamos interpretado sobre las mismas. Algo hablamos también desde un análisis de la forma, del discurso, pero menos, aunque daba mucho juego también. Además reflexionamos sobre esto de envejecer y las diferentes narrativas sociales que esta cultura proporciona. Historias con las que tejemos nuestras propias historias personales. Podría escribir mucho sobre estos tres días, pero tampoco es necesario. Sólo quería expresar algo antes de que se quedara como una mera anécdota en mi memoria. Ah.. y el curso aún no ha terminado. Lo más interesante vino al final, a la hora de plantear la evaluación. ¿Qué sería interesante para vosotras ahora? ¿qué podríais hacer que fuera útil para vuestro aprendizaje? Esto desconcertó a algunas, a otras les conectó de nuevo con la posibilidad de hacer algo que pudiera valer la pena. Muchas veces los profesores mandamos trabajos como si tuviéramos que justificar una posible nota futura. A veces es simplemente un mal hábito del sistema. El positivismo como sistema se mete en la dinámica institucional. Si no mides no tienes nada. Necesitas algo con lo que medir, por ejemplo, un trabajo. Pero entonces se pierde el sentido intrínseco del trabajo, se desconecta del sentido de lo realizado en las sesiones. Y ahí estoy esperando cómo cada una ha interpretado mis palabras de manera que pueda hacer algo significativo y relevante para su formación, no algo útil para mi o para el sistema. No es sencillo flexibilizar este tipo de situaciones, ni para el profesor ni para el estudiante, rehenes o privilegiados, según se mire, según el contexto de evaluación que se genere.

Me voy otra vez...

Nada, que gracias Carmenchu por el comentario.

Un saludo ah y recuerdos de parte de Víctor. La cena que compartimos el jueves fue uno de esos grandes momentos de esos tres días comprimidos.

Alejandro

Carmenchu -

Hola Alejandro:

Qué interesante, la sinceridad de estas alumnas, cuantas hipótesis a barajar...,me sugiere, como estudiante que soy (en relación al SPSS que mencionas)..

Los ritos de paso.., este ritual íntimo sencillo y anodino de las nupcias de tu familia,(¡ vigila, que todo se contagia ¡)..y el viaje de regreso a tu vida de estudiante, conocidos amigos, desde la perspectiva de docente actual, ¡puedo vislumbrarlo¡.

Me has hecho pensar en una profesora mía de hace 2 años cuando hacía PT, que investiga sobre la sobrecarga actual de los hijos (cargas familiares), en los abuelos..

Buenísimas esas citas, coincido mucho con estos planteamientos y los principios que encierran.

Voy a cuidarme un rato, para envejecer con dignidad.

Gracias por contar algo de tu viaje y de esas clases que me hubiera gustado recibir.

Lo del formulario, ¡ ni te cuento..¡

1 beso